15 de Octubre de 1999
Título: Lo que va por ahì, viene por aquí
Usted sabe, casi no vio a la vieja señora, la cual tenía su auto estacionado muy al margen del camino. Pero igual en la luz mortecina del día, él podía ver que ella necesitaba ayuda. Pues, paró delante de su Mercedes y bajó su auto.
El Pontiac de él todavía renqueaba cuando él acercó a la señora. Incluso con la sonrisa en su cara de cansado, la mujer fue preocupada. Hacía más de una hora que alguien había pasado por aquel camino. Éste iba a lastimarla? No le parecía seguro a ella. A ella, este hombre le parecía pobre y hambriento.
Él podía ver que estaba asustada, parada así en el frío, afuera de su coche. Él sabía como ella se sentía. Ella tenía el tipo de frialdad que solamente el miedo puede poner en uno. El le dijo, "Estoy aquí para ayudarle, señora. Por qué usted no espere en el coche donde está calentita? A propósito, mi nombre es Bryan."
Bueno, ella tenía sólo un neumático desinflado, pero para una vieja señora, era bastante mal. Bryan se arrastró bajo el coche, buscando un lugar para poner el gato, lastimando sus nudillos una vez o dos. Pronto el neumatico se había cambiado, pero su obra resultó con ropa manchada y sus manos le dolían bastante del frío.
Mientras que él apretaba las tuercas de la rueda, ella bajó la ventanilla y comenzó a hablar con él. Le dijo que era de St. Louis y que solamente estaba pasando a través de esta región para llegar en otra parte. Ella no podía agradecerlo bastante por venir a su ayuda.
Bryan sonría nada màs mientras cerró su cajuela. Ella le preguntó cuánto le debía. Cualquier cantidad habría sido correcto para ella. Ella ya se había imaginado de todas las cosas tremendas que habrían podido suceder si el no había parado para ayudarla.
Bryan nunca pensó apenas dos veces del dinero. Sólo le importó que ella reciba la ayuda que necesitaba, y Dios sabe que había muchos que le había dado una mano en el pasado... Brian había vivido su vida entera de esa manera, y él nunca le ocurrió para actuar de cualquier otra manera.
Le dijo que si ella realmente deseaba pagarlo, la próxima vez que ella vea a alguien que necesite ayuda, ella podría dar a esa persona la ayuda que se necesite, y agregó "... y pienses en mí."
Bryan esperó hasta que arrancó su coche y se alejò fuera de su vista. Había sido un día frío y deprimente, pero igual se sentía bien mientras dirigía hacia su propio hogar, desapareciendo en el crepúsculo.
Después de viajar algunas millas en el camino, la vieja señora vio un pequeñito café. Ella entró para sacar una mordedura de comida, y quitar la frialdad antes de pasar la última parte para su propio hogar. Era un restaurante que miraba lóbrego. Por fuera estaban dos surtidores de gasolina. La escena entera era desconocedora a ella. La caja registradora era como el teléfono de un actor fuera del trabajo - no sonaba mucho.
Pronto su camarera vino y trajo consigo una toalla limpia para secar sus cabellos mojados. La camarera tenía una sonrisa dulce, una que aun estando de pie por todo el día no pudo borrarsela. La señora notó que la camarera era casi ocho meses de embarazado, pero ella nunca dejó que la tensión ni los dolores cambien su actitud.
La vieja señora se preguntaba cómo alguien que tenía tan poco podría prestar tanta amabilidad a un extranjero. Entonces se acordó de Bryan.
Después de que la señora terminó su comida, y la camarera había ido a conseguir el cambio para su billete de cien dólares, la señora se metió fuera de la puerta. Ya estaba viajando por la ruta cuando la camarera volvió a la mesa. Ella se preguntaba ¡dónde la señora podría estar! Entonces notó algo escrito en la servilleta bajo la cual estaban 4 billetes de cien dólares.
Habían lágrimas en sus ojos cuando ella leyó lo que escribió la señora. Dijo: "Usted no me debe cualquier cosa, he estado así también. Alguien me ayudó una vez en la misma manera que le estoy ayudando. Si usted realmente desea pagarme, esto hay que hacer: No deje que este encadenamiento de amor termine con usted."
Bueno, había mesas para limpiar, tazones de azúcar para llenar, y a la gente servir, pero la camarera llegó al fin del día una vez más. Esa noche cuando ella llegó en casa y subió a la cama, pensaba del dinero y lo qué la señora había escrito. ¿Cómo la señora habría podido saber cuánto ella y su marido lo necesitaron? Con el mes próximo debido del bebé, iba a ser duro. Ella sabía cuán preocupado sobre la situación su marido estaba, y mientras el dormía al lado de ella, le dio un beso suave y susurró suavemente, "Todo nos irá bien; Te amo, Bryan."
* * *
Y sabemos que a
los que a Dios aman,
todas las cosas les ayudan a bien,
es a saber, a los que conforme
al propósito son llamados.
-Romanos 8:28